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ASOCIACIÓN DE PADRES DIVORCIADOS Y SEPARADOS DE ASTURIAS - ASPADISA |
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ANTROPOLOGÍA HISTÓRICA DE LA FAMILIA - SEGALEN |
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V SOCIOLOGÍA HISTÓRICA DEL MATRIMONIO De entrada, podemos considerar como falsa esta idea recibida: hoy día uno se casa por amor, antaño de casaban por interés, hoy día se elige libremente, antaño uno era casado por sus padres. 1 DE LA ALIANZA AL MATRIMONIO En una sociedad de religión y de moral cristiana, el matrimonio está fundado por un derecho que reglamenta la sexualidad. Dentro de un cuadro jurídico-eclesiástico, la institución se inscribe en contextos sociales, económicos y culturales muy variados. 1.1 EL MARCO RELIGIOSO El derecho canónico elaborado en el siglo XII define el matrimonio como un sacramento indisoluble cuya materia está constituida por el consentimiento mutuo de los esposos. Estos matrimonios que prescindían del consentimiento de los padres siempre eran portadores de desorden social. Un cierto número de fenómenos económicos y sociales ha conducido a los padres a reafirmar su autoridad sobre los hijos, para la elección de su cónyuge, con el fin de que el orden social no sea puesto en peligro. Las clases aristocráticas, las más influyentes sobre el poder eclesiástico y laico, presionaron para obtener nuevas reglamentaciones que afirman la autoridad paterna, e hicieron del matrimonio no tanto la unión de dos individuos, sino la alianza de dos parentelas y de dos patrimonios. Los textos del concilio de Trento y las ordenanzas reales de finales del S XVI y principios del XVII van a establecer la doctrina oficial del matrimonio que permanece en vigor hasta el S.XIX, teniendo en cuenta los arreglos que aportaron la Revolución y el Código civil. La mayoría de edad requerida para el matrimonio entonces era de treinta años para los hombres y de veinticinco para las mujeres. Hasta esta edad, los hijos debían solicitar el consentimiento de sus padres; más allá, sólo tenían que pedir su opinión. Hasta el concilio de Trento, el sacerdote sólo era un testimonio del compromiso de los esposos; luego se le dio una parte activa en el acto sacramental; debe unir los esposos en matrimonio. En los siglo XVII y XVIII, la naturaleza del matrimonio evoluciona del sacramento al contrato, en parte bajo la influencia de la Reforma que rechazaba el carácter sacramental del matrimonio, y en el S XVIII bajo la influencia de los juristas de la escuela llamada "de derecho natural". Pero el sacramento y el contrato son cosas bien diferentes: a uno están vinculados los efectos civiles, al otro las gracias de la iglesia: Los dos aspectos se disociarán totalmente con la Revolución que marca el desenlace final de las dos tendencias, exigiendo una ceremonia civil para dar validez a la ceremonia religiosa. DEMOGRAFÍA DEL MATRIMONIO A pesar de estas restricciones, se descubren algunas evoluciones. En primer lugar, la nupcialidad reacciona a los mismos factores demográficos. Bajo el Antiguo Régimen, en los períodos de grandes mortalidades debidas a las epidemias, la curva de los matrimonios tiende hacia cero. Esta curva es igualmente sensible a las crisis económicas que constituyen otro freno. Los acontecimientos políticos (guerra, revolución,) tampoco son favorables a la nupcialidad. Algunas medidas legislativas, por el contrario, han contribuido a favorecer la nupcialidad, y sobre todo la disminución de la edad de matrimonio, que ha sido restablecida, bajo la Constituyente, a los veintiún años, edad a partir de la cual el consentimiento de los padres ya no es necesario. Se observa entonces un avance importante de la nupcialidad, pero es pasajero. Desde 1740 hasta nuestro días, el número absoluto de matrimonios, con excepción de épocas conflictivas a causa de las guerras, no deja de crecer lentamente, mientras que la tasa bruta de nupcialidad se mantiene más o menos estacionario. En revancha, el período del año en el que tienen lugar los matrimonio ha cambiado mucho. Los movimientos estacionales antiguos están caracterizados por alternancias de intensa actividad y momentos vacíos. En los siglos XVII y XVIII. En estas épocas, los matrimonios se celebran sobre todo en febrero y en noviembre, julio y agosto son meses huecos por las grandes trabajos agrícolas de los campos. También son preferidos algunos días de la semana: no se casan los viernes. Tampoco se casan en jueves. El domingo también estaba prohibido. Hoy día, los matrimonios se celebran a lo largo de todo el año, con una preferencia por los meses de verano; cerca del 80 por 100 tienen lugar el sábado. CELIBATO En el siglo XVIII, la proporción de solteros definitivos está comprendida entre el 10 y el 15 por 100 entre las mujeres; entre los hombres todavía es más débil, puesto que los hombres eran menos numerosos en razón de una mortalidad y de una emigración más fuertes. En el siglo XX, el celibato es más frecuente entre los hombres como consecuencia de la emigración masculina, el descenso continuo de los nacimientos ha puesto en presencia efectivos femeninos constantemente inferiores a los efectivos masculinos. En los períodos antiguos, la escasez relativa de celibato se explica por la necesidad del matrimonio para acceder al estatus social adulto. En un tiempo en el que el grupo doméstico y explotación agrícola o artesanal se confunden. El soltero es un marginal. No hay "elección" de una vida de soltero, sino el celibato religioso o militar, estado abrazado a menudo como un mal menor. Para las ciudades, parece que la proporción de solteros sea más elevada que en el campo. EDAD DE MATRIMONIO Numerosos comportamientos familiares dependen de la edad a la cual los jóvenes tienen costumbre de casarse, la cual, a su vez, está en función de condiciones sociales, económicas, culturales. Contrariamente a una idea comúnmente aceptada en nuestros días, antaño la gente no se casaba joven. La Europa de los siglos XVII y XVIII ofrece incluso un modelo que parece único dentro del abanico de culturas, caracterizado por una elevada edad del matrimonio, ligado a la necesidad de un establecerse independientemente. La conjugación de numerosos factores conduce a una edad tardía de matrimonio, con la excepción de las familias aristocráticas, cuyos hijos se casaban en promedio a los veintiún años y las hijas a los dieciocho, la edad media en las clases populares de las ciudades y medios rurales es de veintisiete-veintiocho años para los hombres y veincinco-veintisesis para las mujeres. La consecuencia importante de este retraso en el matrimonio es el acortamiento del período de fecundidad de la mujer. La edad tardía en el matrimonio constituye, según los términos célebres de Pierre Chunu, "la verdadera arma contraceptiva de la Europa clásica". Respuesta consciente o inconsciente a un mundo en crecimiento demográfico, en el cual los recursos se mantenían estables. La evolución de la edad del matrimonio, bajó considerablemente a lo largo del siglo XIX. La reducción de la edad de matrimonio revela un cierto número de cambios dentro de la concepción del matrimonio y de la elección de cónyuge. LA REGLA HOMOGÉNICA Hoy como ayer, se tiende a casarse entre iguales, en el plano social o profesional. Una de las fuentes del matrimonio concebido como una alianza entre dos líneas de descendencia es la de trasmitir patrimonios. El mejor medio de protegerlo es asegurarse que el cónyuge elegido es verdaderamente su igual socialmente. Esta regla de la homogamia se encuentra en todas las categorías sociales. Para los campesinos, la homogamia tiene como corolario la endogamia, es decir, el matrimonio dentro de la localidad o con alguna persona de las aldeas más próximas. Casarse en su tierra supone conocer la familia con la cual está proyectada la alianza. Para cualificar estas poblaciones que se casan en el seno de áreas geográficas circunscritas, los demógrafos hablas de isolats, es decir, zonas dentro de las cuales se elige al cónyuge. Los matrimonios endógamos llevan a matrimonios entre emparentados si la población es suficientemente estable. En nombre de la prohibición del incesto, la Iglesia prohibió el matrimonio entre parientes demasiado cercanos. Aplicar estas reglas, habría dificultado fuertemente la nupcialidad de los municipios rurales en los que la superposición de redes sociales y familiares creaba las condiciones de matrimonios entre parientes. Así pues, la Iglesia se veía obligada a conceder dispensas para que se celebrara este tipo de uniones. 1.2 ESTRATEGIAS DE ALIANZA Está prohibido casar con los parientes más próximos, pero más allá, la elección es teóricamente libre. A pesar de ello, los matrimonios consanguíneos, matrimonios homógamos y endógamos suponen reglas no expresadas en revelan políticas familiares de alianza. En la sociedad antigua, ya de naturaleza campesina, aristocrática o burguesa, los cónyuges dependen del patrimonio de sus padres para instalarse independientemente en la vida activa: la estrategia patrimonial dirige los matrimonios. Antes de 1914, el matrimonio estaba regido por reglas muy estrictas. Que comprometía todo el futuro de la explotación familiar, era la ocasión de una transacción económica de la más alta importancia, contribuía a reafirmar la jerarquía social y la posición de la familia, era asunto de todo el grupo más que del individuo. Era la familia la que se casaba y uno se casaba con una familia. La estrategia matrimonial aparece como uno de los tipos de la más general "estrategia de reproducción biológica, cultural, social que todo el grupo pone en acción para transmitir a la generación siguiente, mantenido o aumentados, los poderes y los privilegios que el mismo ha heredado" Toda estrategia campesina de matrimonio es endógama, pero algunas lo son más que otras. ¿puede hablarse también de estrategias en sociedades en las que la costumbre de herencia es igualitaria, y en las que el patrimonio está compartido entre todos los herederos; en sociedades en las que los campesinos son arrendatarios o aparceros, es decir, que sólo tienen poco patrimonio que transmitir. Un determinado número de trabajos muestran que, incluso sin capital rústico, puede observarse una política familiar de los matrimonios. El capital de prestigio de la familia, su antigüedad, su reputación cuentan tanto y quizá todavía más en una sociedad pobre. En un sistema económico en el que el enriquecimiento no es posible, el mantenimiento del rango puede representar el objetivo último de las estrategias matrimoniales. Otro medio para detectar la existencia de estrategias de matrimonio es el de analizar los ritos como, por ejemplo, el uso del casamentero en algunas sociedades. el rol del intermediario es el de soportar el fracaso eventual de las negociaciones; también es garante de la continuidad de las relaciones sociales. Estos rituales constituyen un discurso simbólico cuyos gestos, palabras y manifestaciones diversas, como los cortejos, traducen la importancia del matrimonio para la comunidad. Entonces podemos preguntarnos, en un contexto tal de estrategias y de transacciones, ¿qué lugar había para la elección personal de los dos jóvenes, qué peso podía tener una inclinación amorosa, una atracción recíproca?. 1.3 LOS CAMPESINOS Y EL AMOR En lo que se refiere al amor y a la sexualidad de los tiempos antiguos, sólo estamos en el terreno de las hipótesis. El hecho de que los nacimientos ilegítimos -señal de una sexualidad fuera del matrimonio- y concepciones prenupciales -señales de su matrimonio- hayan sido muy débiles desde mediados del siglo XVII a mediados del siglo XVIII, parece ser que en descenso en relación a épocas precedentes, indicarían el éxito de la Iglesia en su lucha por la "moralización". Dos tradiciones del amor campesino han conocido un gran éxito cerca de los historiadores; la frecuentación preconyugal y el kilgananb. El primer ritual; es colectivo y permite a los jóvenes la frecuentación preconyugal bajo un paraguas o en la habitación de un albergue; mientras que el segundo tienen lugar en la habitación de la joven, con el acuerdo de los padres. Que el amor existe y que es reconocido en el medio rural lo prueban numerosos signos: proverbios, ritos, regalos. El sentimiento amoroso, reconocido en el medio rural, es diferente de lo que es hoy día erotizado y exhibicionista. El amor campesino está muy codificado. Los regalos, los gestos, los discursos relativos a los enamorados, están frecuentemente, estereotipados. La hipótesis es la siguiente: la elección sería tanto más "libre" cuanto más igualitaria fuera la estructura social del grupo. Es necesario distinguir entre concepciones prenupciales y nacimientos ilegítimos. De las primeras puede pensarse que son un medio de forzar la mano a las familias y arrancar su consentimiento. Se puede suponer también, y es más verosímil, que estando ya establecido el acuerdo entre las familias y los jóvenes, y teniendo éstos relaciones conjuntamente, se consideraban como casi casados. en lo que concierne al aumento de los nacimientos ilegítimos, las interpretaciones son todavía más diversas. 2 HACIA EL MATRIMONIO CONTEMPORÁNEO 2.1 ARTESANOS DE LA SOCIEDAD PROTOINDUSTRIAL Una distinción entre el mundo rural y el urbano se impone desde el momento en que abordamos el final del siglo XVIII y el principio del siglo XIX. Hasta ese momento, en Francia, las ciudades funcionaban más o menos como los pueblos. En el siglo XIX, la composición social de los pueblos se vuelve más homogénea desde que la despoblación se lleva con ella a los individuos más marginales, jornaleros agrícolas y artesanos. Para los campesinos que permanecen en el pueblo, el matrimonio, más que nunca, es el objetivo patrimonial. El matrimonio queda controlado por el parentesco, la endogamia de clase es la regla. La evolución moderna de la agricultura no hace caducos estos modelos. Para los artesanos de los pueblos. La organización doméstica artesanal en el medio rural está fundada en la asociación de fuerzas de trabajo: la complementariedad estrecha del marido y de la mujer. Una fuerte endogamia también resultaba aquí indispensable y condicionaba la formación del matrimonio. Además, la fecundidad de estas familias "protoindutriales" era elevada, pues esas familias tenían necesidad de un máximo de fuerza de trabajo, por su apego a la comunidad pueblerina, estas familias pertenecían al viejo sistema, pero por un determinado número de rasgos, anunciaban una nueva forma de pareja y un nuevo modelo de matrimonio. Es el primer paso hacia una unión del tipo "asociación de individuos". La familia protoindustrial anuncia así la familia obrera; el salario permite a los jóvenes constituirse rápidamente un peculio que les permite casarse sin esperar a una dote dada por sus padres. Se casan más jóvenes, y de manera más independiente. Las migraciones apenas afectan a esta endogamia, pues se llevan a cabo a través de las solidaridades entre oficios. 2.2 CONCUBINATO Y MATRIMONIO OBRERO La paradoja de las concepciones prenunpciales y de la ilegitimidad. El aumento del número de concepciones prenupciales regularizadas mediante el matrimonio reflejaba la puesta en circulación de un nuevo orden sexual y de una nueva concepción del matrimonio que descansa en la capacidad de trabajo de los cónyuges, independientemente del patrimonio de sus familias respectivas. Por el contrario, la ilegitimidad no marca la emergencia de una nueva moral sexual y no es el signo de la inmoralidad de las clases populares, sino la del fracaso de una política tradicional del matrimonio. La ilegitimidad no es el matrimonio rechazado, sino el matrimonio frustrado. Convertirse en concubina no es más que un medio para salir del paso, en la esperanza de un matrimonio. Las condiciones económicas ofrecidas a la obrera de las ciudades la empujan a buscar una asociación hecha con un hombre. La muchachas, sin cualificación, se emplean, en la industria textil. Las condiciones de trabajo son horrorosas. Entonces, la obrera, es conducida hacia el "amancebamiento". Mientras no llega un hijo, los dos trabajan, la vida es soportable. Al primer hijo, le pega; al segundo, lo abandona. Y el trabajo de zapa social la conduce a la prostitución. Las condiciones económicas volvieron, pues, particularmente vulnerables a las mujeres obreras que son las primeras víctimas del concubinato. Durante el segundo decenio del segundo imperio, el proletariado inmigrado se integra. "El desequilibrio entre los sexos retrocede, el modelo de la familia conyugal y el de la intimidad burguesa son progresivamente asimilados por el proletariado urbano". Matrimonio más libre, en el que el sentimiento es lo que cuenta el primer lugar, y que asocia dos capacidades de trabajo, dos salarios, ésta es la modernidad de un modelo que surge de la clase obrera y cuya norma no ha dejado de ser dictada por la imagen de un modelo burgués que todavía tardará varios decenios en perder su asimilación a un establecimiento. La clase obrera, instalándose y aburguesándose, reproduce el modelo de la intimidad familiar burguesa con su estrechamiento alrededor del hijo, diferencias sensibles, sobre todo en los roles dentro de la familia. 2.3 MATRIMONIO BURGUÉS El matrimonio burgués y pequeño burgués todavía sigue siendo el objeto de estrategias clásicas en el siglo XIX y principios del siglo XX. Este fenómeno permite explicar la aparente paradoja de un concubinato burgués más extendido de lo habitualmente se piensa. El modelo del matrimonio burgués continúa siendo, en el más pleno sentido del término, una alianza entre dos grupos familiares. "en el siglo XIX, en una sociedad caracterizada por la movilidad social, el matrimonio ocupaba un lugar estratégico en la carrera y, más que en épocas anteriores, era temido el matrimonio desigual. Los pequeño burgueses hacían del matrimonio, un establecimiento, pues estas categorías sociales eran las más frágiles y deseosas de proteger un estatus social precario. Martine Segalen |