ASOCIACIÓN DE PADRES DIVORCIADOS Y SEPARADOS DE ASTURIAS - ASPADISA

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ANTROPOLOGÍA HISTÓRICA DE LA FAMILIA - SEGALEN

 

VII EL HIJO Y LA FAMILIA 

El término familia se emplea aquí, en el sentido más restringido, designando la célula conyugal que ha constituido el matrimonio y su prolongación, el o los hijos habidos. 

1 HACIA LOS DOS HIJOS 

1.1 EL MARCO DEMOGRÁFICO 

La evolución demográfica de Francia, está caracterizada por una baja precoz de la natalidad, apareció antes de la Revolución, precediendo en poco el cambio demográfico a la gran sacudida política y social. Las tasas de natalidad, no han dejado de caer desde 1800, salvo para las generaciones nacidas hacia 1930. La tasa de fecundidad, en que se expresa en el número medio de nacimientos vivos por mujer. pasa de 3,4 nacimientos para las mujeres nacidas en 1852, para en 1980, alrededor de 1,80. Se dice fácilmente que antes de la introducción de la contracepción los matrimonios de antaño tenían hasta veinte hijos. No hay nada de ello, y por dos razones: un conjunto de factores limitaba el número de nacimientos por una parte, y por otra, la mortalidad reducía considerablemente el número de hijos que sobrevivían a sus padres y procreaban ellos mismos. La edad de matrimonio, es un poderoso factor de limitación de los nacimientos. Para la generación de 1750, sólo se contaba, en promedio, cinco o seis nacimientos por matrimonio, como consecuencia del celibato femenino que se añadía a las causas enumeradas con anterioridad; la descendencia neta se cifraba en cuatro hijos, de los cuales, a su vez, solamente dos alcanzaba la edad de procrear, como consecuencia de la mortalidad. El contexto demográfico de la familia de antaño está, pues, claro: familia prolífica que no busca controlar su fecundidad; nacimiento, muertes de adultos y de niños, hijos socializados dentro del grupo doméstico. Las normas como las de la pareja con el parentesco, el grupo aldeano. 

1.2 LAS DOS REVOLUCIONES CONTRACEPTIVAS 

Es importante distinguir entre la puesta en práctica de una contracepción natural y el desarrollo reciente de la contracepción química. 

LA CONTRACEPCIÓN NATURAL Y EL NUEVO LUGAR DEL HIJO Esta revolución que va más allá del acto sexual y que constituye una conmoción en las actitudes de las personas con relación a su cuerpo, a la vida, a la muerte. La contracepción natural que se pone en práctica en Francia a finales del siglo XVIII es una contracepción masculina. El hombre controla su pulsión sexual para retirarse en el momento más fuerte del placer. Con anterioridad, incluso, no se imaginaba que pudiera intervenirse sobre el acto sexual, un acto de la naturaleza. La actitud con relación a la sexualidad, por otra parte, estaba sostenido por la doctrina eclesiástica. La sexualidad con intenciones estériles estaba condenada. Desde finales del siglo XVIII, la práctica del coitus interruptus afecta a los estratos sociales más diversos, burgueses, campesinos. Los efectos se notarán inmediatamente en las curvas de fecundidad. La difusión de la contracepción corresponde a un cambio de actitud frente a la vida. Cambio afectivo que conduce a querer asegurar el porvenir de los hijos por la educación. 

LA SEGUNDA REVOLUCIÓN CONTRACEPTIVA Desde hace unos quince años las técnicas modernas de contracepción, el rápido descenso de la fecundidad es anterior a la adopción masiva de las modernas técnicas de contracepción. A partir de 1964-65 es cuando se observa una baja acentuada de la fecundidad, mientras que, el empleo masivo de la píldora, sólo se expandió realmente a partir de 1970. Ya tengan una fecundidad tradicionalmente elevada, como en los Países Bajos, o relativamente baja, como en Suecia, todos los países registran la misma ruptura hacia 1964-65. En los países del sur de Europa, la ruptura se observa hacia 1975. El descenso de la fecundidad se inició sin ellos pero se ha consolidado por ellos. La contracepción, la diferencia esencial entre los dos modos descansa en el hecho de la contracepción moderna es femenina. Entre los métodos contraceptivos, la píldora ocupa el primer lugar. La conclusión más chocante es la de un relativo equilibrio entre las diversas categorías determinadas por la encuesta, ya se trate del lugar de residencia, del nivel de instrucción, de la categoría socioprofesional o de la importancia atribuida a la religión. Los porcentajes de respuesta son sensiblemente equivalentes. Que las mujeres desarrollen una actividad profesional o que no lo hagan su comportamiento es de igual forma relativamente idéntico. 

El aborto provocado. La cifra de éstos está estabilizada desde 1976, y en una ligera baja desde 1984. Para una pareja, el estado normal es el de la no-concepción, y la concepción, en lugar de ser sufrida y aceptada, debe ser decidida. No obstante, estos métodos contraceptivos modernos, si bien modifican las relaciones entre los sexos, no significan, sin embargo, rechazo del hijo: los demógrafos han establecido que el descenso de la fecundidad no puede atribuirse a un deseo egoísta de repliegue de la pareja, el descenso se sitúa en el tercer hijo y más allá. El cambio se registra en la desaparición de familias con más de tres hijos. Los análisis demográficos tienen el mérito de invalidar el discurso ideológico de los natalistas, adversarios del aborto. No estamos asistiendo a la puesta en marcha de una sociedad hedonista, de placer y egoísmo. El descenso de la natalidad es el reflejo de fenómenos complejos en los que se implican lo social, lo religioso y lo cultural. La religión tradicional ha perdido una parte de sus fieles, el desarrollo de la actividad profesional femenina. El nuevo modelo matrimonial, las dificultades de acceso al mercado del empleo sobre todo para los jóvenes, explican los comportamientos de fecundidad de finales de los años de 1980. En definitiva, las revoluciones contraceptivas plantean problemas teóricos similares; se aparecen como fenómenos de mentalidad particularmente complejos, reveladores y signos de ruptura en lo social, en lo económico, lo religioso, lo cultural, lo político. No existe ninguna relación mecánica entre natalidad y comportamiento económico. 

2 DIVERSIDAD Y EVOLUCIÓN DE LAS RELACIONES PARENTALES 

La sociedad occidental continúa estando marcada por tabúes victorianos relativos a la menstruación y a la pubertad. El período de ansiedad que acompaña a la adolescencia en nuestra cultura está ligado, pues, a las prohibiciones relativas al aprendizaje del cuerpo y de la sexualidad, actitudes culturales, y no está inscrita en una naturaleza humana determinada. La influencia diferente de los padres y de la clase de edad en el proceso de socialización. Margaret Mead distingue el tipo "postfigurativo", en el cual los niños son instruidos, sobre todo, por sus padres y para los cuales la autoridad se apoya en las lecciones del pasado; el tipo "cofigurativo", en el cual los niños, al igual que los adultos, aprenden de sus iguales, tienen una cultura de clase de edad; por último el "prefigurativo" en el cual los adultos también sacan lecciones de sus hijos. En una cultura postfigurativa, los mayores no pueden concebir el cambio y transmiten a sus descendientes el sentido de una continuidad inmutable. 

Las sociedades campesinas de muy lenta evolución. En una cultura cofigurativa, los mayores mantienen una situación dominante. Se trata de las sociedades en las que la aceptación de los nuevos modelos promovidos por los jóvenes necesita todavía de la sanción de los mayores. Cuando hay cofiguración, la experiencia de la generación joven es radicalmente diferente a la de sus padres, el prefigurativo, sugiere que será el hijo, el que representará el futuro e instruirá a sus mayores. 

2.1 RELACIONES PADRES-HIJOS EN LA SOCIEDAD PREINDUSTRIAL 

Las técnicas de educación tradicional respetan el ritmo del niño; se le alimenta, se le cambia, se le coloca en la cuna cuando lo pide. Fueron el siglo XIX y sus médicos quienes, con sus rígidos horarios, impusieron un cambio. Cuando tiene la suerte de sobrevivir, el niño es educado, alimentado, socializado simultáneamente en el grupo doméstico de sus padres y en el de sus abuelos. Las relaciones con los padres, a menudo, están marcadas por el rigor, mientras que, con los abuelos, el niño encuentra la dulzura. La relación, a menudo privilegiada entre nietos y abuelos, simboliza la transmisión de los valores. La educación corresponde también a los otros hermanos y hermanas mayores, a los sirvientes y a los criados: la educación es una responsabilidad colectiva y por esta vía se efectúa también la reproducción social. Una de las tesis más señaladas de Philippe Ariês, relativa al "descubrimiento del sentimiento de la infancia" es criticada hoy día. Philippe Ariès sugiere que las relaciones afectivas no eran muy densas y que la socialización del niño escapaba en gran medida a la familia. 

El niño experimenta, sobre todo, la influencia de su clase de edad. Maurice Crubellier. Este modo de socialización infantil ha persistido durante largo tiempo en un amplio sector de la sociedad francesa. En la escuela la que ha venido a morder, y cada vez más ampliamente, sobre el territorio y el tiempo de la infancia. La adolescencia habría sido inventada por nuestra sociedad contemporánea: muchos historiadores discuten esta proposición de Philippe Ariès, estimando que cualquier sociedad reconoce de una manera o de otra una edad que va desde el inicio de la pubertad hasta el pleno ejercicio de los roles adultos. La sociedad tradicional conoce e institucionaliza una "juventud", edad a la cual se accede generalmente después de la primera comunión. En el seno del grupo familiar, la educación se convierte cada vez más en aprendizaje profesional. En las sociedades anglosajonas. La socialización del adolescente se hace fuera de su grupo familiar, quizá para curtirlo mejor. Para el joven de la sociedad tradicional, ninguna salvación fuera de la familia de la que todo procede: los haberes, los saberes, el patrimonio. La duración de esa edad varía, y se acaba con el matrimonio. La juventud, sin embargo, no es una adolescencia en el sentido en que hoy lo entendemos. 

2.2 RELACIONES PADRES-HIJOS EN EL SIGLO XIX 

Al mismo tiempo que el matrimonio se retira de los espacios públicos, se privatiza; los niños, menos numerosos, se encuentras valorizados. El matrimonio, es un establecimiento en el que prima el interés. Su repercusión consiste en un número más restringido de hijos, mejor cuidados y educados. Las estrategias de reproducción biológica y las estrategias educativas se articulan a las estrategias de reproducción social. ¿Puede afirmarse que las instituciones sociales privan a la familia de sus funciones tradicionales?. El nuevo sistema educativo no va en detrimento del campo familiar, sino que se desarrolla en detrimento de las libertades de la clase de edad que socializaba a los niños en el contacto con los otros niños. Medicalizada, escolarizada, la infancia y la adolescencia burguesa se vuelven también "encerradas". Valorizado en el seno de la familia, el niño es educado con rigor, y está entre las manos de un preceptor o de una gobernanta, sin ternura. Los principios de la educación están fundados en la autoridad, el control. En adelante, el desarrollo de la escolarización, que se prolonga sin cesar, conducen a la emergencia de una nueva edad en la familia burguesa, la de la adolescencia. De esta edad adolescente, creación de la sociedad de educación, la familia burguesa desconfía. El tipo de educación recibida no favorece apenas el desarrollo de la personalidad. 

LA FAMILIA CAMPESINA El sistema de educación descrito para la sociedad tradicional de educación descrito para la sociedad tradicional funciona de la misma manera, pero hay que contar ahora con el desarrollo de la escuela. Esta invade el campo familiar. La escuela sólo se convierte en la aliada de las familias en la medida en que éstas buscan para el niño un destino profesional fuera de la agricultura. El niño campesino en el siglo XIX está en la bisagra de dos culturas de las que él constituye la apuesta. 

LA FAMILIA OBRERA En la Francia del siglo XIX, la familia obrera aparece, por un período transitorio, bastante desculturalizada. al contrario que la familia burguesa o campesina, se define por una serie de rasgos negativos. El signo del aburguesamiento de la familia obrera será la aparición brutal del control de los nacimientos. En lugar de plantearse la pregunta: "¿por qué tener hijos?", el obrero dice: "¿por qué no tenerlos?". Los hijos numerosos representan una vez superados los cuidados de la primera infancia, la posibilidad de ingresos que complementen el salario de padre o de los padres, y en la ausencia de sistemas sociales, los hijos constituyen la esperanza de un último recurso para los días de la vejez. El maltusianismo sólo interviene cuando subsiste la esperanza de llevar a cabo una ascensión social. Se imprime sobre la familia obrera un proyecto que no le pertenece y que se inscribe más ampliamente en los objetivos de la burguesía dominante. Con la estabilización de la clase obrera, sobre todo después la Primera Guerra Mundial, el rito que marca el paso de la infancia a la adolescencia es la entrada en una fábrica. 

3 EL CICLO DE LA VIDA FAMILIAR 

El ciclo de la vida familiar está trazado a partir de tres criterios: 

número de posiciones en el seno del grupo doméstico (padre- madre-niño, número de hijos, etc.);

 distribución de las edades respectivas; 

modificaciones de los roles, y sobre todo, del rol de padre-jefe del grupo doméstico. 

He aquí el cuadro del ciclo de la vida familiar propuesto, caracterizado por sus diversos roles: 

1) Fundación de la pareja. 

2) Padres jóvenes. 

3) Grupo doméstico con hijos en edad preescolar. 

4) Grupo doméstico con hijos escolarizados. 

5) Grupo doméstico con adolescentes. 

6) Grupo doméstico con joven adulto. 

7) Grupo doméstico que ayuda a sus hijos a establecerse hasta el momento en que el último de ellos se ha instalado. 

8) Grupo doméstico "postparenteral", período que se extiende desde la salida del último de los hijos hasta el momento de la jubilación del padre. 

9) Grupo doméstico envejeciendo, después de la jubilación del padre. 

El esquema del ciclo de la vida familiar ha sido objeto de numerosas críticas. Está muy marcado por su tiempo y su ambiente, y se refiere a la familia de clase media americana. Jean Cuisenier una doble crítica. En primer lugar, éste elimina totalmente los tipos de organización familiar no sancionados por las formas legales. En segundo lugar, podemos interrogarnos sobre el valor de un esquema así si nos esforzamos en tener en cuenta la transformación de los modelos familiares, la desaparición de la imagen del padre autoritario desde hace bastantes años. La teoría del ciclo de la vida familiar, solo tiene interés para una historia de las teorías sociológicas. Ha sido concebida en un tiempo en el que la influencia de la psicología y del psicoanálisis era dominante. 

4 ¿NUEVOS PADRES, NUEVOS HIJOS? 

En los años cincuenta se asiste al paso de un modelo de educación relativamente represivo a un modelo relativamente permisivo. Las diferencias culturales, por otra parte, son sensibles de una clase social a otra, de un país a otro. Los valores familiares están centrados en el niño, su educación, su desarrollo y todo está organizado en función de sus necesidades. En este modelo, la madre ocupa un lugar a la vez exorbitante y secundario. Sin profesión, sobre ella descansan los cuidados de los más pequeños, la educación de los mayores. Ejercer responsabilidades considerables, pero al mismo tiempo su poder está limitado y controlado por el de los expertos. Si existe una tipología de modelos educativos que puede construirse a partir de una escala de normas y de prácticas, no podemos referirla a los índices de socioprofesionales, sino al "sistema organizado de preferencias ideológicas de los padres". La noción de clase social resulta excesivamente burda para explicar los fenómenos de transmisión ( o de no-transmisión) de los valores por mediación de los modelos educativos. Vamos a seguir a los padres y su progenie desde el nacimiento hasta la separación de esta última. Se trata de plantear algunos problemas propios de cada fase del ciclo.

4.1 EL NIÑO PEQUEÑO 

Después del nacimiento, la madre y el niño establecen un lazo emocional intenso que puede engendrar un proceso conflictivo. Es necesario que el niño adquiera los elementos de su desarrollo psicológico y motor, es necesario que la madre, según las nuevas normas admitidas, pueda continuar desarrollando su personalidad. La cuestión de una verdadera elección se plantea de entrada. ¿trabajar o no trabajar, dar a guardar o no a su hijo?, el 74 % de los hombres y de las mujeres, activos o no activos, piensan que la madre debe cuidar ella misma a su hijo hasta la edad de dos o tres años; al mismo tiempo, nueve mujeres de cada diez desean poder trabajar a tiempo parcial y tres de cada cuatro querrían reformar una actividad profesional. Las mujeres están sometidas a la presión de una sociedad "maternizante" en la cual "la valorización excesiva de la maternidad se convierte en el instrumento más fuerte de la explotación de las mujeres", y todo su ambiente puede ejercer sobre ellas una presión solapada, culpabilizarlas. El modo de guarda de los niños difiere según las categorías sociales y profesionales. 

La custodia de los niños de corta edad, cuando la madre trabaja, es pues precaria. Insuficientes en el terreno cuantitativo, a veces contestables en el plano cualitativo, las instituciones colectivas de custodia de los hijos a menudo son criticadas. No es el sistema lo que resulta nefasto para los niños pequeños, sino la manera como está organizado. Observar una correlación entre la tasa de abandono de la actividad profesional de la mujer y el tipo de su empleo. El trabajo de la mujer obrera es poco gratificante desde el punto de vista profesional; está poco remunerado. Las tensiones a las que están sometidas las madres de los niños pequeños, enfrentadas con un discurso contradictorio, Los psicólogos insisten en la importancia de la relación entre la madre y el niño pequeño; un discurso relativo a la valorización de sí mismo, al desarrollo de su propia personalidad autoriza a las madres de los niños pequeños a mantener su actividad profesional. La relación madre-hijo, que podría considerarse como la más natural, aparece fuertemente marcada por las fuerzas sociales y culturales de cada época. 

4.2 EL NIÑO DE CUATRO A DOCE AÑOS 

Cuando no está en la guardería, el niño deja la esfera parental hacia los tres-cuatro años para conocer otras instancias de socialización, el grupo de edad, y sobre todo, la escuela. Entre los cuatro y los doce años, más o menos, determinados rasgos caracterizan su personalidad. Los padres tienen que ayudar al niño a pasar ciertas etapas asegurando el desarrollo de su personalidad. Los padres enseñan al niño a ser autónomo, a soportan las separaciones que se imponen. La actitud parental en relación con la agresividad varía en el tiempo y en el espacio social. En reacción contra una educación burguesa bastante ruda o "victoriana", los padres de las clases medias han adoptado comportamientos más permisivos en los años de 1950 a 1970. Otro rasgo del desarrollo de la personalidad infantil es la necesidad de identificarse con el sexo. 

Desde antes del nacimiento se masculiniza o fenimiza al bebé,  cómo las madres, las instituciones y , sobre todo, la escuela y las imágenes de libros escolares contribuyen a fijar estereotipos sexuales anticuados. La escolarización masiva procede al enclaustramiento del niño, a su separación con relación a los adultos. La complementariedad entre proyecto familiar y escuela es evidente para determinadas categorías sociales, pero no para todas. Para las clases medias, la escuelas permite realizar las aspiraciones de movilidad social, y pone en circulación valores culturales que son los de la clase burguesa que la instauró. La congruencia acaba por dejar lugar a la oposición a medida que se desciende a lo largo de la escala social en donde la separación entre valores escolares y familiares es la más marcada. En las familias modestas, la escuela no ofrece una vía de acceso a la mejora social y económica de su condición. Además, dificulta el proyecto de colocar rápidamente a los hijos en el trabajo. La franja de edad de los cuatro a los doce años. Lejos de haber sido restringida como a menudo se afirma, la función educativa familiar ha multiplicado, diversificado, se ha convertido en más compleja desde hace una decena de años. 

4.3 EL ADOLESCENTE LA BANDA DE AMIGOS 

En la sociedad preindustrial, la organización de la juventud tiene un estatus oficial, mientras que hoy día la banda es más o menos subterránea, organizada de manera informal y en oposición con los valores de la sociedad. Se trata, propiamente hablando, de un "problema de la sociedad". La delincuencia colectiva o individual, por otra parte, está estrechamente ligada a la clase social. La banda de jóvenes tiene una función socializante complementaria a las de los padres y de la escuela. Juega un papel importante para todo lo que se relaciona con la maduración y la información sexual. En el sociedad burguesa, un tabú pesa sobre este tema. Gracias a la pandilla de amigos, el ajuste a la maduración sexual ha perdido su carácter solitario y turbador. Los sociólogos se ponen de acuerdo, pues, en reconocer un rol funcional a la banda de amigos en la medida en que la tensión y la rebelión tienen un rol integrador. Desde los años cincuenta, los padres han relajado el control sobre la elección de los amigos de sus hijos. Otros mecanismos sociales se han puesto en acción, sobre todo el principio del control por parte del medio; la segregación de las residencias y de los establecimientos escolares juega un papel regulador. 

VALORES PARENTALES Y ADOLESCENTES: ¿CONTINUIDAD O CONFLICTO? La actitud de los padres a menudo consiste en negociar con el adolescente. Por parte de los padres, el problema se formula de este modo: ¿Hasta dónde se puede permitir, dónde colocar las barreras?. Las relaciones entre padres y adolescentes concierne también a la participación en la vida del grupo doméstico, su lugar en las decisiones. Las referencias que tienen los padres su propia adolescencia ya no pueden servir para guiar a sus hijos. Si bien las actitudes de los jóvenes manifiestan una gran innovación en todo lo relativo a las libertades personales, están marcadas, en cambio, por un gran conservadurismo en el terreno de los valores y de las normas. Las diferencias más importantes entre las respuestas de los padres y las de los hijos, se refiere directamente a lo cotidiano a la clase de edad. Provoca sorpresa la coherencia de la actitud entre padres e hijos frente a un problema específico, tal cual es la consecución de los estudios. 

Los padres de las categorías medias y superiores buscan por mediación de la escuela la adquisición de un estatus social. En los ambientes obreros, padres y adolescentes coinciden fácilmente en la inutilidad de la enseñanza o en la inadaptación frente a aquello que es su objetivo común: entrar en la vida activa. En cuanto a las rebeliones de la juventud, éstas se dirigen más a la sociedad que a la familia. Sin embargo, los adolescentes tienen una cultura que les es propia. Después de la fascinación de la televisión y de sus héroes, está marcados, sobre todo, por una cultura del sonido. Las distinciones sociales continúan marcándose, incluso si la juventud proporciona la ilusión de una abolición de las barreras entre clases. Considerando que el niño y el adolescente son ahora una apuesta de la sociedad de consumo a través de la publicidad, la industria del show-business, de la moto y del pantalón vaquero, se pregunta si no vuelven a caer, por este medio desviado, bajo la autoridad de los adultos. 

4.4 LOS HIJOS DE LOS "NUEVOS MATRIMONIOS" 

La gran mayoría de los niños que vienen al mundo son niños deseados. Los "nuevos matrimonios" son, en primer lugar, aquellos en los que el marido y la mujer trabajan. La llegada del hijo, programada, es objeto de una inversión afectiva considerable, y luego del control de los proyectos escolares. Los tiempos de ocio están organizados en función del hijo o de los hijos. La familia monoparental es una figura familiar que tiende a expandirse. Para los hijos, la situación es muy diferente si se es huérfano, de padre divorciado o sin padre. Los estudios sobre "los hijos del divorcio" muestran que no existe correlación entre esta situación, relativamente banalizada en la actualidad, y el éxito escolar. Con el divorcio, la pareja conyugal y la pareja parental se encuentran disociadas. La segunda debe continuar funcionando para acordar las modalidades de la custodia de los hijos. El mantenimiento de la solidaridades financieras, de los servicios, la distribución del tiempo que cada uno pasa con los hijos, son, entre otros, rasgos que ilustran, entre algunos "nuevos divorciados" el mantenimiento de solidaridades conyugales, siempre en el beneficio psicológico del hijo.

Martine Segalen